Una pintura bien hecha empieza antes de abrir el balde. La preparación de las paredes es lo que hace que el resultado dure.
Pintar es mucho más que elegir un color y pasarle la brocha a la pared. La preparación previa —revoques, selladores, imprimaciones— es lo que determina si la pintura queda pareja, se adhiere bien y dura años. Una pintura sin preparación se descascarilla, mancha y hay que rehacer en poco tiempo. Hacerla bien desde el principio es la inversión más inteligente.
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